Pero también es cierto que resulta mucho más fácil enojarse con un/a reincidente múltiple que con alguien que raramente comete una falta. Reconvenir continuamente a quien continuamente se comporta mal puede llevar a pensar que se le tiene manía y asegurar el efecto pigmalión, por lo que sería bueno procurar ser algo flexibles cuando podamos permitírnoslo.
Por otra parte, a veces resulta una labor hercúlea conseguir dar un refuerzo positivo a un/a jugador/a que falla sistemáticamente en las actitudes y en las ejecuciones.
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