Es una cifra orientativa que basan en estudios sobre la experiencia adquirida por gente que ha llegado a destacar en su campo profesional. Y ni siquiera los genios escaparían de esa supuesta ley universal. Por poner un caso: Mozart, típico ejemplo de niño prodigio, comenzó a componer obras a los 5 años, pero no produjo realmente obras maestras hasta después de cumplir los 25. Gracias a la práctica, of course.
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